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Se celebra en Bakú la ceremonia de apertura de las Reuniones Anuales 2026 del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo

Bakú, 18 de junio, AZERTAC

En Bakú se celebra la ceremonia de apertura de las Reuniones Anuales 2026 del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo.
AZERTAC informa que el presidente de la República de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, participa en el evento.
Primero se tomó una foto conjunta.
Se interpretó el Himno Nacional de la República de Azerbaiyán.
A continuación, se recitó una aleya del Sagrado Corán.
Posteriormente, se proyectó un vídeo sobre el Grupo del Banco Islámico de Desarrollo.
Acto seguido, el jefe de Estado pronuncia un discurso en el evento.

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Discurso del presidente Ilham Aliyev:

Estimado presidente del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo:
Estimados invitados, señoras y señores:
Quisiera dar la bienvenida a todos los participantes de las Reuniones Anuales. Sean bienvenidos a Azerbaiyán.
Estoy profundamente agradecido al Grupo, a su presidente y a todo su equipo por haber elegido a Azerbaiyán como país anfitrión de las Reuniones Anuales. Es un gran honor para nosotros y demuestra una vez más la solidez de los vínculos que nos unen. Asimismo, deseo expresar personalmente mi agradecimiento al presidente, doctor Al Jasser, por su apoyo constante a las reformas en Azerbaiyán, por sus planes orientados a impulsar el desarrollo futuro del Banco y por su sincera actitud hacia nuestro país.
El doctor Al Jasser ha visitado Azerbaiyán en numerosas ocasiones y también ha viajado dos veces a los territorios liberados. Esto nos produce a todos una satisfacción especial.
Como saben, es la segunda vez que Azerbaiyán acoge las Reuniones Anuales, lo que también demuestra claramente la estrechez de nuestras relaciones, el nivel de cooperación alcanzado y la magnitud de nuestras actividades conjuntas. Recuerdo muy bien el año 2010, cuando fuimos la sede de estas reuniones por primera vez.
Aquellas Reuniones Anuales dieron un fuerte impulso a nuestra asociación con el Grupo, así como a las reformas llevadas a cabo por Azerbaiyán para diversificar su economía y reducir su dependencia del sector energético. Desde entonces, muchas cosas han cambiado tanto en Azerbaiyán como en la región. Lo único que no ha cambiado ha sido el desarrollo estable y exitoso de Azerbaiyán.
Ello es una manifestación de nuestra política, basada en los intereses nacionales, en el establecimiento de buenas relaciones con todos los actores de la escena internacional y en nuestro firme compromiso con el desarrollo exitoso. Este desarrollo se sustenta en numerosos factores. Azerbaiyán es un Estado independiente desde hace apenas 35 años. Con excepción de los dos primeros años, marcados por la guerra, la ocupación, una catástrofe humanitaria, una guerra civil y otras dificultades, el resto del período ha estado caracterizado por un desarrollo estable del país.
La estabilidad constituye uno de los requisitos fundamentales para el éxito de cualquier nación. Cuando la estabilidad se ve alterada, resulta imposible siquiera hablar de desarrollo. Por ello, la estabilidad —política, económica y social— que hoy define la realidad de Azerbaiyán no solo es uno de los principales pilares de nuestro progreso, sino también un indicador del desarrollo regional.
Gracias a sus sólidos vínculos a nivel regional y mundial, Azerbaiyán se ha convertido ya en un actor importante en numerosos ámbitos.
Nuestra política exterior independiente ha obtenido un firme respaldo de la comunidad internacional. El número de nuestros amigos aumenta año tras año. Ese apoyo de la comunidad internacional se ha reflejado en numerosos ejemplos concretos. Por ejemplo, cuando presentamos nuestras candidaturas para distintos organismos internacionales, obtuvimos un respaldo abrumador. Así ocurrió hace varios años, cuando nos postulamos como miembro del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. En aquella ocasión, recibimos el apoyo de 155 países.
Lo mismo sucedió cuando presentamos nuestra candidatura para presidir el Movimiento de Países No Alineados, la segunda mayor organización internacional después de las Naciones Unidas, integrada por 120 Estados. Fuimos elegidos por unanimidad y, posteriormente, nuestro mandato al frente de la organización también fue prorrogado por consenso unánime. En conjunto, ello constituyó una clara manifestación del apoyo internacional.
A veces, cuando se escucha la expresión “comunidad internacional”, algunos creen que se refiere únicamente a un grupo limitado de países desarrollados y, en cierto modo, esa es también la interpretación promovida por algunos de esos mismos países. Sin embargo, esa visión es errónea.
La comunidad internacional está formada por todos los países del mundo miembros de las Naciones Unidas. Obtener el apoyo de la inmensa mayoría de ellos demuestra, como ya he señalado, un respeto auténtico basado no solo en declaraciones, sino también en acciones concretas.
Desde las Reuniones Anuales del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo celebrada en 2010, Azerbaiyán ha acogido con éxito numerosos eventos internacionales. Entre los más recientes quisiera destacar la exitosa COP29, celebrada en 2024 y reconocida por sus excelentes resultados. Asimismo, el mes pasado se celebró con éxito en Azerbaiyán el Foro Urbano Mundial, uno de los encuentros internacionales más importantes en su ámbito. También están previstos muchos otros eventos de relevancia.
En resumen, todo ello vuelve a poner de manifiesto la naturaleza diversificada de nuestra agenda de actividades. Azerbaiyán se ha convertido en un actor importante a escala mundial, promoviendo, financiando y ejecutando proyectos de infraestructura energética de gran envergadura que conectan a los países de Eurasia y les suministran la energía necesaria, especialmente en una época en la que la fiabilidad de las cadenas de suministro energético se ha convertido en una cuestión crítica y la seguridad energética es considerada un componente esencial de la seguridad nacional de cada Estado.
Una política de inversión muy favorable ha permitido atraer miles de millones de dólares a diversos sectores, incluido el energético, así como a la construcción de oleoductos y gasoductos que conectan el mar Caspio con el mar Negro y el mar Mediterráneo, y que transportan el gas producido en el Caspio hacia los mercados europeos.
Todo ello requirió esfuerzos verdaderamente considerables: diplomacia, relaciones políticas, buenas relaciones con los vecinos y con los vecinos de nuestros vecinos, financiación, una sólida reputación y una economía fuerte. La combinación de todos estos factores ha permitido que Azerbaiyán se convierta hoy en uno de los principales proveedores de energía.
En lo que respecta al suministro de gas natural, Azerbaiyán ocupa actualmente el primer lugar en cuanto a la amplitud geográfica de sus exportaciones por gasoducto. Suministramos gas natural a 16 países. Este número aumenta cada año y seguirá creciendo. Las exportaciones de petróleo abarcan un número aún mayor de países, lo que genera beneficios para los productores, los países de tránsito y los consumidores.
Todo ello es el resultado de un trabajo colectivo y coordinado que, por la complejidad de los proyectos, su financiación, las dificultades del terreno y los diversos obstáculos políticos que hemos tenido que superar, puede considerarse verdaderamente único.
Hemos concentrado nuestros esfuerzos principalmente en la inversión en infraestructuras, no solo dentro del país, sino especialmente en aquellas infraestructuras de importancia internacional situadas en nuestro territorio. En otras palabras, como bien saben, nos propusimos transformar a Azerbaiyán de un país sin salida al mar en un centro internacional de transporte, utilizando nuestra posición geográfica como base para desarrollar una sólida red de infraestructuras.
La geografía, por supuesto, es importante. Sin embargo, por sí sola tiene un valor limitado si no se complementa con infraestructuras adecuadas. Por ello, los corredores Este-Oeste y Norte-Sur que atraviesan hoy Azerbaiyán constituyen rutas de suministro de enorme importancia para un número cada vez mayor de países. Basta con observar un mapa para comprobar que Azerbaiyán se encuentra entre Europa y Asia. Esa ubicación geográfica puede convertirse, según las circunstancias, tanto en una fuente de dificultades como en una ventaja. En nuestro caso, representa una ventaja no solo para nosotros, sino también para muchos otros países.
Como ya he señalado, los corredores que pasan por Azerbaiyán constituyen actualmente una arteria de transporte integrada y coordinada para numerosos Estados. Naturalmente, aún queda mucho trabajo por hacer y, dicho sea de paso, esta sigue siendo una de nuestras prioridades.
El desarrollo económico de Azerbaiyán mantiene una tendencia positiva y, como he mencionado anteriormente, nuestra economía es estable. Hemos logrado atraer inversiones directas por un valor superior a 350.000 millones de dólares estadounidenses, aproximadamente la mitad de ellas procedentes de fuentes extranjeras durante los últimos veinte años.
Nuestros planes de inversión continúan avanzando, ya que hoy en día los inversores buscan entornos estables. Lamentablemente, con el paso del tiempo, el número de lugares estables en el mundo no aumenta. Esa es, por desgracia, una de las realidades de nuestro tiempo.
Por ello, un entorno favorable para la inversión, la protección de las inversiones, un sólido marco legislativo y los proyectos ya ejecutados nos permiten atraer capital no solo al sector energético, sino también a sectores no energéticos, lo que constituye asimismo una de nuestras prioridades.
Ya hablamos de ello hace dieciséis años, durante las Reuniones Anuales del Banco Islámico de Desarrollo celebrada en Bakú, y desde entonces Azerbaiyán ha cambiado considerablemente.
Hoy, el sector no petrolero y no gasífero representa más del 70 % del PIB, lo que constituye en sí mismo un logro notable. Sin embargo, debemos seguir trabajando intensamente para modificar la estructura de nuestras exportaciones y lograr un mejor equilibrio entre los ingresos procedentes del petróleo y el gas y los del sector no energético. Actualmente, la inmensa mayoría de nuestras exportaciones sigue estando compuesta por recursos energéticos.
Por ello, estamos realizando grandes esfuerzos para cambiar esta situación. Para lograrlo, naturalmente necesitamos más reformas, más inversiones y nuevos mercados, y este último aspecto constituye un desafío particular. La competencia por los mercados es, diría yo, extremadamente intensa. Así pues, la diversificación económica ya es una realidad, pero, por supuesto, debemos continuar avanzando en esa dirección.
Hemos logrado reducir nuestra deuda externa. Este era un objetivo que me había fijado hace varios años y no solo lo hemos alcanzado, sino que incluso hemos superado nuestras propias expectativas. Actualmente, la deuda externa representa apenas el 6 % del PIB. Por ello, hemos comenzado nuevamente a recurrir al endeudamiento. Hubo un período de pausa, pero ahora hemos retomado este proceso y, naturalmente, la primera institución financiera a la que acudimos fue el Banco Islámico de Desarrollo.
La razón es sencilla: mantenemos con este Banco relaciones sólidas, una historia compartida y una cooperación muy productiva y constructiva.
Durante esta reunión se firmarán numerosos acuerdos destinados a impulsar nuevos proyectos de infraestructura, que a su vez contribuirán al crecimiento del valor añadido del sector no petrolero. Por lo tanto, el bajo nivel de endeudamiento externo constituye una ventaja considerable. Tenemos capacidad para asumir más deuda, aunque lo haremos con la máxima prudencia.
Al mismo tiempo, nuestras reservas en divisas superan casi veinte veces el volumen de nuestra deuda externa. Considero que, en este indicador, Azerbaiyán figura entre los países con una situación financiera más sólida, un presupuesto equilibrado y una estabilidad macroeconómica destacada. Esta realidad ha sido reconocida por importantes agencias internacionales de calificación crediticia como Moody's y Fitch Ratings, que elevaron nuestra calificación al grado de inversión. Sus perspectivas para nuestro país son positivas y estables.
Por ello, no observamos dificultades significativas para nuestro desarrollo económico y, en consonancia con ello, seguimos ejecutando amplios programas sociales. Durante los últimos años hemos puesto en marcha varios proyectos de apoyo social que han beneficiado a más del 30 % de nuestra población.
La reducción de la pobreza y del desempleo también figuraba entre nuestros objetivos prioritarios, y hemos logrado avances significativos en ambos ámbitos. Actualmente, tanto la tasa de pobreza como la de desempleo se sitúan en torno al 5 %.
Las cuestiones relacionadas con el empleo seguirán ocupando un lugar central en nuestra agenda, al igual que ocurre en cualquier país cuya población continúa creciendo. Porque cuando la población aumenta —y todos sabemos que esta tendencia continúa en los países musulmanes— también surgen numerosos desafíos. Es necesario crear nuevos puestos de trabajo, ampliar la infraestructura social y desarrollar infraestructuras en general.
Por ello, mantener el desempleo en niveles muy bajos seguirá siendo una de nuestras prioridades permanentes.
Por supuesto, uno de los principales cambios ocurridos desde la reunión que celebramos en 2010 ha sido el restablecimiento por parte de Azerbaiyán de su integridad territorial y su soberanía.
A principios de la década de 1990, nuestros territorios fueron ocupados, lo que provocó una catástrofe humanitaria. En aquel entonces, Azerbaiyán tenía un millón de refugiados y desplazados internos. La población del país era de ocho millones de habitantes, lo que significa que una de cada ocho personas había sido desplazada por la fuerza, había perdido su hogar, estaba desempleada y carecía de medios materiales para subsistir.
Aquello constituyó una auténtica tragedia humanitaria, y nos encontramos solos frente a ella. No se impusieron sanciones contra Armenia, pese a los crímenes de guerra, la masacre de Joyalí, la destrucción de nuestras ciudades y aldeas y los actos de urbicidio cometidos en los territorios ocupados.
Se habla constantemente de sanciones: sanciones una y otra vez. En cuanto ocurre algún acontecimiento en cualquier parte del mundo, se aplican de inmediato. Sin embargo, nadie impuso sanciones a Armenia. Esto constituye una clara manifestación del doble rasero y de la diferencia existente entre los supuestos valores proclamados y la política real.
Si se hubieran aplicado sanciones a Armenia por violar el derecho internacional, ocupar territorios de un Estado soberano y cometer crímenes de guerra, el conflicto entre nuestros dos países no se habría prolongado durante tanto tiempo.
Este conflicto duró cerca de treinta años. Durante ese período se celebraron innumerables rondas de negociaciones estériles, interminables y sin resultados. Quienes patrocinaban esas conversaciones tenían un único objetivo: mantener nuestros territorios bajo ocupación armenia de forma permanente.
Ese era precisamente el propósito de quienes tenían el mandato de garantizar la paz y facilitar la liberación de nuestros territorios. Me refiero a los copresidentes del Grupo de Minsk de la OSCE: Francia, Rusia y los Estados Unidos, tres miembros permanentes del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas.
Imaginen por un momento: ¿acaso estos países no podían obligar a Armenia a liberar los territorios de Azerbaiyán? Por supuesto que podían. Simplemente no querían hacerlo. Deseaban que nuestras tierras permanecieran bajo ocupación armenia. Esa era una decisión compartida por ellos.
Sin embargo, nosotros cambiamos esos planes.
En las primeras etapas del proceso de negociación teníamos grandes esperanzas. He ejercido como presidente desde 2003 y, durante diecisiete años, participé en estas negociaciones que posteriormente demostraron ser inútiles. Durante todo ese tiempo intenté encontrar una solución pacífica y convencer a las grandes potencias de que la verdad estaba de nuestro lado.
Les decíamos: “La justicia está de nuestro lado. Hemos sido objeto de una ocupación. Miren el mapa y comprueben dónde están desplegadas las fuerzas armadas armenias: se encuentran en nuestros territorios”.
La única respuesta que recibíamos era: “Lleguen a un acuerdo entre ustedes.”.
Después nos decían que este conflicto no tenía una solución militar. Más tarde afirmaban que no podíamos iniciar una guerra. También nos advertían de que, si recurríamos a la vía militar, seríamos objeto de sanciones.
Había muchos otros mensajes como este, simplemente no quiero quitarles demasiado tiempo.
Así pues, cuando comprendimos que las fuerzas que toman las decisiones en la política mundial habían resuelto mantener nuestros territorios bajo ocupación ilegal de forma indefinida, adoptamos nuestra propia decisión y cambiamos todos los planes. En 2020, la guerra por la liberación de nuestros territorios duró 44 días y concluyó con la capitulación de Armenia. Liberamos la mayor parte de las tierras ocupadas, aunque no la totalidad. Posteriormente, en 2023, pusimos un punto final completo y definitivo a esta cuestión.
Hoy, la integridad territorial y la soberanía del Estado de Azerbaiyán han sido plenamente restablecidas y ello ha sido reconocido por toda la comunidad internacional. Después de ello, fuimos nosotros quienes propusimos la paz a Armenia. Como país victorioso y como pueblo vencedor que había sufrido la ocupación y la destrucción, fuimos precisamente nosotros quienes tomamos la iniciativa de paz. Y hoy la paz ya se ha convertido en una realidad.
Desde hace aproximadamente un año vivimos en condiciones de paz y ya podemos observar sus resultados positivos. Nunca olvidaremos lo que las fuerzas de ocupación armenias hicieron a nuestro pueblo y a nuestras ciudades. Nunca olvidaremos la destrucción de 65 mezquitas ni el hecho de que, con el propósito de ofender los sentimientos religiosos de nuestro pueblo, mantuvieran animales —incluidos cerdos— en esos lugares de culto. Tampoco olvidaremos la masacre de Joyalí.
Sin embargo, debemos ser capaces de mirar hacia el futuro. Obtuvimos nuestra justicia en el campo de batalla y eso es suficiente. La guerra tenía que terminar, y fuimos nosotros quienes la detuvimos. Como parte fuerte, pusimos fin a la guerra y propusimos la paz. Por ello, hoy la paz es ya una realidad.
Inmediatamente después de la liberación de nuestros territorios iniciamos un amplio programa de restauración y reconstrucción. Actualmente, cerca de 90.000 personas viven, trabajan y estudian en Garabaj y Zangezur Oriental. Se han destinado más de 15.000 millones de dólares estadounidenses del presupuesto estatal para la ejecución de diversos proyectos de infraestructura y vivienda. Si se tienen en cuenta todas las fuentes de financiación, el volumen total de inversiones dirigidas a los territorios liberados asciende a casi 17.000 millones de dólares.
En la actualidad se están llevando a cabo proyectos de infraestructura de gran envergadura. Estos incluyen embalses, canales de agua, centrales eléctricas, aeropuertos internacionales ya puestos en funcionamiento, túneles y puentes. Expresamos nuestro agradecimiento al Grupo del Banco Islámico de Desarrollo por su apoyo a los esfuerzos de reconstrucción de los territorios liberados.
Hoy, esta cuestión constituye una de las principales prioridades de nuestro Gobierno, aunque no la única. Estoy seguro de que estos temas han sido examinados ampliamente durante las deliberaciones celebradas en el marco del Grupo.
Quisiera destacar únicamente algunas prioridades estratégicas de cara al futuro.
Una de ellas es, como ya he mencionado, la conectividad. Debemos seguir transformando a Azerbaiyán en un nodo de transporte y logística aún más importante. Nuestro objetivo es duplicar el volumen de mercancías transportadas a través del territorio azerbaiyano. Actualmente, esta cifra se sitúa en torno a los 14–15 millones de toneladas, y aspiramos a incrementarla hasta alcanzar el doble.
Por supuesto, ello no depende únicamente de nosotros. También estará condicionado por la situación geopolítica y por las circunstancias generales de la región. Sin embargo, estos son nuestros planes y objetivos.
Nuestros planes en materia de seguridad alimentaria también están perfectamente definidos. En el marco del programa estatal recientemente adoptado para el desarrollo de la agricultura, prevemos alcanzar el máximo nivel posible de autosuficiencia en los principales productos de consumo.
En lo que respecta al riego, gracias al apoyo del Banco Islámico de Desarrollo para la construcción de canales y embalses, los agricultores tendrán un acceso mucho más amplio a los recursos hídricos, lo que permitirá aumentar significativamente la productividad agrícola.
La energía renovable es otra de las áreas con mayor potencial. Los acuerdos ya firmados con empresas internacionales y nacionales permitirán que, para 2032, nuestro país disponga de una capacidad de generación de energía solar y eólica de 8 gigavatios. Se trata de una cifra mínima. No estamos hablando de memorandos de intención, sino de contratos concretos ya suscritos, y este volumen seguirá creciendo en el futuro.
Actualmente estamos trabajando en el desarrollo de líneas de transmisión y en la expansión de las exportaciones energéticas, porque, como ya he señalado, no necesitaremos consumir internamente toda esa energía. Por ello, estamos desarrollando la infraestructura necesaria para transportar electricidad a los mercados que la demandan, especialmente a Europa. Es bien sabido que Europa necesitará grandes volúmenes de energía eléctrica durante muchos años.
Todas estas áreas, junto con muchas otras, forman parte de nuestras prioridades estratégicas. Estoy convencido de que una parte importante de nuestros planes ya ha sido presentada a los participantes de esta reunión.
No deseo ocupar más de su tiempo. Quisiera reiterar mi agradecimiento por haber elegido a Azerbaiyán como país anfitrión, por acompañarnos y por el apoyo que nos han brindado.
Les deseo pleno éxito en el desarrollo de las Reuniones Anuales.
Muchas gracias.

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Al dirigirse a los asistentes, el presidente del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo, Muhammad Sulaiman Al Jasser, declaró:
— Su Excelencia, señor Ilham Aliyev, presidente de la República de Azerbaiyán.
Señor Mikayil Jabbarov, ministro de Economía de la República de Azerbaiyán y presidente de la Junta de Gobernadores.
Sus Excelencias, gobernadores y gobernadores suplentes.
Honorables directores ejecutivos, distinguidos delegados, señoras y señores.
As-salamu alaikum wa rahmatullahi wa barakatuh.
Es un honor darles la bienvenida a esta magnífica ciudad de Bakú con motivo de las Reuniones Anuales 2026 del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo. Permítanme, ante todo, expresar nuestro más profundo agradecimiento a Su Excelencia el presidente Ilham Aliyev, así como al Gobierno y al pueblo de Azerbaiyán, por la excepcional hospitalidad y las excelentes preparaciones realizadas.
Resulta especialmente oportuno que nuestra reunión coincida con el Día de la Salvación Nacional de Azerbaiyán, una fecha decisiva que abrió una nueva etapa de estabilidad, resiliencia y renovación. Desde la antigua Ruta de la Seda hasta el actual Corredor Medio, esta tierra ha servido durante siglos como puente entre Oriente y Occidente, entre el Norte y el Sur, transformando la geografía en una oportunidad compartida.
Sin embargo, la historia de Azerbaiyán no es únicamente una historia de conectividad; también es una historia de resiliencia y renovación. En este sentido, permítanme compartir una breve reflexión derivada de mi reciente visita a Shusha, la joya de Garabaj. Su legado perdurable está encarnado en figuras como la poetisa y filántropa Khurshidbanu Natavan, símbolo eterno de resiliencia cultural y compasión.
Me conmovieron profundamente las palabras del poeta del pueblo Mammad Araz:
¡Levántate ahora, Azerbaiyán, estoy contigo!
Podemos compartirlo todo, excepto a ti.
Estas palabras reflejan el espíritu de una nación que jamás ha renunciado a la esperanza, y es precisamente ese mismo espíritu el que define nuestra asociación con Azerbaiyán.
Nos enorgullece haber sido el primer banco multilateral de desarrollo en visitar Garabaj liberado, reafirmando así nuestro compromiso con la reconstrucción y el desarrollo de Azerbaiyán.
Desde que Azerbaiyán se incorporó al Banco en 1992, nuestra cooperación ha prosperado notablemente. El Grupo del Banco Islámico de Desarrollo ha aprobado aproximadamente 1.800 millones de dólares estadounidenses para la ejecución de 84 proyectos en los ámbitos de infraestructura, energía, agricultura y servicios sociales.
Proyectos como el ferrocarril Bakú-Tiflis-Kars y la Zona Franca de Alat no son simples iniciativas nacionales aisladas; constituyen arterias regionales del comercio que encarnan perfectamente el lema de nuestras Reuniones Anuales: “Integración regional para una prosperidad sostenible”.
Excelencia, señor presidente, señoras y señores:
Nuestras aspiraciones en favor de la integración regional y la prosperidad compartida se desarrollan en un contexto internacional marcado por la inflación, los conflictos y las perturbaciones de las cadenas de suministro. A pesar de la resiliencia demostrada por la economía mundial en términos generales, las perspectivas económicas continúan siendo frágiles.
Si bien se prevé que el crecimiento de nuestros países miembros supere los promedios mundiales y los de los mercados emergentes, este desempeño agregado oculta una realidad más dura: nuestras economías más vulnerables siguen enfrentándose a un camino particularmente difícil.
Es precisamente en este contexto desafiante donde el Grupo del Banco Islámico de Desarrollo ha intensificado su respuesta. En 2025, el volumen total de financiación aprobada aumentó un 20 %, alcanzando casi los 16.000 millones de dólares estadounidenses, lo que elevó las aprobaciones acumuladas desde la creación de la institución hasta los 209.000 millones de dólares.
Sin embargo, los compromisos por sí solos no son suficientes; el impacto depende de la ejecución efectiva. Por ello, también reforzamos nuestra capacidad de implementación, incrementando los desembolsos hasta los 11.000 millones de dólares, frente a los 9.200 millones registrados en 2024.
En el Banco Islámico de Desarrollo, los 5.700 millones de dólares aprobados se dirigieron a sectores prioritarios: el 46 % se destinó al transporte y la conectividad, el 20 % a los servicios de agua y desarrollo urbano, y el 16 % a la financiación del sector sanitario.
Las entidades afiliadas de nuestro Grupo reforzaron aún más este impulso:
La Corporación Internacional Islámica para la Financiación del Comercio proporcionó 9.300 millones de dólares estadounidenses en financiación comercial.
La Corporación Islámica para el Desarrollo del Sector Privado aprobó 556 millones de dólares estadounidenses en apoyo al sector privado.
La Corporación Islámica para el Seguro de Inversiones y Créditos a la Exportación facilitó operaciones aseguradas por un valor de 17.800 millones de dólares estadounidenses.
Esta magnitud de resultados se sustenta en una sólida disciplina financiera. A pesar de las turbulencias globales, hemos mantenido nuestra calificación crediticia AAA y emitimos 5.000 millones de dólares en sukuk durante 2025.
Excelencia, señor presidente, señoras y señores:
Hace cinco años, cuando nuestros países miembros me confiaron el liderazgo de esta gran institución, asumí el compromiso de impulsar un Grupo del Banco Islámico de Desarrollo renovado: una institución más receptiva, más eficaz y más cercana a las personas a las que sirve.
Ese compromiso fue asumido en plena pandemia de COVID-19, una crisis que pronto se vio agravada por la guerra en Europa Oriental y sus repercusiones sobre la seguridad alimentaria en nuestros países miembros. Frente a estos desafíos, optamos por la acción en lugar de la cautela. Ampliamos nuestras operaciones porque las comunidades a las que servimos no podían permitirse esperar.
Los resultados hablan por sí solos. Hemos más que duplicado el volumen anual de aprobaciones del Grupo, pasando de 6.800 millones de dólares en 2020 a casi 16.000 millones de dólares en 2025, al tiempo que aceleramos los desembolsos de 7.100 millones a 11.000 millones de dólares.
Sin embargo, como todos ustedes saben, el desarrollo no se mide únicamente por los miles de millones de dólares invertidos. Su verdadera medida reside en las vidas transformadas y en la esperanza renovada.
Se refleja en el jefe de una aldea de Camerún cuyo viaje, que antes requería un día entero, ahora puede realizarse en tan solo una hora.
Se refleja en el recién nacido de una zona rural de Uganda, que ahora tiene mayores posibilidades de sobrevivir.
Se refleja en los 8,5 millones de personas que viven en aldeas urbanas de Indonesia y que hoy disfrutan de condiciones de vida más seguras y dignas.
Y se refleja en Ani Badriyah, líder comunitaria de una de esas aldeas, que agradece a Dios la oportunidad de avanzar hacia una vida mejor.
Desde Yakarta hasta Dakar, desde Almatý hasta Abiyán, y desde Dusambé hasta Georgetown y Paramaribo, he podido comprobar personalmente cómo los proyectos del Banco Islámico de Desarrollo —ya sean pequeñas iniciativas sociales o grandes programas transformadores de infraestructura— están mejorando la vida de millones de personas y ampliando sus oportunidades.
Ser testigo directo de este impacto ha sido una de las experiencias más enriquecedoras y humildes de mi vida. Me ha transformado de banquero central, centrado principalmente en los indicadores macroeconómicos y la política monetaria de mi país, en un banquero del desarrollo, confrontado cada día con las enormes dificultades y el extraordinario potencial de nuestros 57 países miembros.
Excelencia, señor presidente, señoras y señores:
Durante los últimos cinco años, mis colegas y yo hemos trabajado incansablemente para fortalecer la relevancia del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo para nuestros países miembros, reforzar la gobernanza institucional y salvaguardar la sostenibilidad a largo plazo de la organización.
Alhamdulillah, hemos realineado la estrategia anterior, revitalizado nuestras alianzas y fortalecido la posición del Grupo del Banco Islámico de Desarrollo entre los principales bancos multilaterales de desarrollo del mundo. Asimismo, hemos lanzado un Marco Estratégico Decenal para el período 2026-2035, basado en los principios de autenticidad, solidaridad y prosperidad intergeneracional.
Esa visión de largo plazo ya se está traduciendo en acciones concretas mediante las nuevas estrategias corporativas quinquenales tanto para el Banco como para las instituciones afiliadas al Grupo.
Estas estrategias establecen una hoja de ruta ambiciosa para el período 2026-2030.
Si Dios quiere, su implementación comenzará tan pronto como concluyamos estas reuniones.
Al mismo tiempo, hemos alcanzado un hito histórico: el Fondo Concesional del Banco Islámico de Desarrollo (BID), que ya está operativo y apoya una nueva generación de proyectos de alto impacto, ayudando a los países vulnerables a afrontar los desafíos más urgentes del desarrollo. Deseo expresar mi sincero agradecimiento a los países miembros que ya han contribuido a esta importante iniciativa. Su apoyo refleja el espíritu de solidaridad que define a nuestra institución.
A medida que avanzamos, contamos con su continuo apoyo y generosas contribuciones para fortalecer el Fondo y garantizar que ningún país miembro se quede atrás.
Excelentísimo presidente, señoras y señores,
Agradezco al Reino de Arabia Saudita por haberme nominado para dirigir esta institución por un segundo mandato, y a los estimados Gobernadores por su respaldo y continua confianza.
Esta renovada confianza fortalece aún más nuestra determinación de impulsar el Grupo del Banco Islámico de Desarrollo. Como siempre, nuestro enfoque se guiará por soluciones lideradas a nivel nacional, con inversiones alineadas con las prioridades y aspiraciones de desarrollo de nuestros países miembros.
Nuestra dirección es clara: ofrecer resultados a gran escala, ofrecer resultados de excelencia y ofrecer resultados como un grupo unificado.
Pero ninguna institución, por muy sólida que sea su visión o estrategia, puede lograr un impacto significativo sin la dedicación de las personas que impulsan su misión día a día. Expreso mi más profundo agradecimiento a la Dirección y al personal del Grupo IsDB por su dedicación y profesionalismo.
Agradezco también a todos nuestros Gobernadores, Directores Ejecutivos y socios del Grupo de Coordinación Árabe y de la comunidad de bancos multilaterales de desarrollo en general. Un agradecimiento especial al equipo organizador de las Reuniones Anuales por sus incansables esfuerzos y a los distinguidos delegados por su compromiso con nuestros objetivos comunes.
Debo reiterar mi profundo agradecimiento a Su excelencia el presidente Ilham Aliyev por su amable patrocinio de nuestras Reuniones, y al gobierno y al pueblo de Azerbaiyán por su amable hospitalidad y cálida bienvenida.
Excelentísimo presidente, señoras y señores,
En un mundo marcado por la incertidumbre, la fragmentación y la creciente vulnerabilidad, la solidaridad ya no es una opción, sino un imperativo.
El Sagrado Corán nos ordena:
“Cooperad en la bondad y la rectitud”
Este principio atemporal constituye la esencia de nuestra misión. Nos recuerda que la prosperidad es una responsabilidad sagrada, un privilegio que debe compartirse y transformarse en dignidad, oportunidad y esperanza para todos.
Pero no podemos hablar de prosperidad sin reconocer las profundas crisis humanitarias que afectan a diversas partes de nuestra comunidad, donde civiles inocentes siguen sufriendo un inmenso sufrimiento, pérdidas, desplazamientos e incertidumbre.
Estas realidades nos recuerdan que la solidaridad no puede ser un principio limitado a declaraciones o discursos.
Esto debe traducirse en acción colectiva, responsabilidad compartida y apoyo significativo para quienes enfrentan fragilidad y dificultades. Salgamos de Bakú sabiendo que, gracias a nuestros esfuerzos colectivos, un niño tendrá acceso a la educación, una madre dará a luz en un entorno seguro, un agricultor logrará un mejor sustento y una comunidad vulnerable mirará al futuro con mayor esperanza y confianza.
Gracias.

CRÓNICA OFICIAL 2026-06-18 17:59:00