


La terapia génica podría abrir una nueva etapa en el tratamiento de enfermedades comunes
Bakú, 21 de octubre, AZERTAC
La terapia génica ya no se limita al tratamiento de enfermedades genéticas raras. Los científicos estudian también su posible aplicación a enfermedades frecuentes, como la hipercolesterolemia, las enfermedades cardiovasculares, la obesidad y la diabetes. Sin embargo, la seguridad a largo plazo y los posibles riesgos de estas intervenciones siguen siendo objeto de debate.
Según informa AZERTAC, en un artículo publicado en la revista JAMA Internal Medicine, los cardiólogos Eric D. Smith y Venkatesh L. Murthy, del Centro Cardiovascular Frankel de la Universidad de Michigan, proponen una serie de criterios para determinar en qué casos estaría justificado recurrir a las terapias génicas.
Estas terapias pueden introducir una copia funcional de un gen, reducir la actividad de otro que resulte perjudicial o modificar directamente la secuencia del ADN. Algunos de estos tratamientos se diseñan para administrarse una sola vez, aunque esto no significa que sus efectos vayan a durar toda la vida.
Según los especialistas, en las enfermedades raras y graves la terapia génica puede ofrecer ventajas importantes, ya que las alternativas eficaces suelen ser limitadas. En el caso de las enfermedades comunes, en cambio, la evaluación es distinta: si existen medicamentos eficaces, el beneficio adicional de una intervención genética potencialmente permanente debe sopesarse frente a los riesgos que conlleva.
Los investigadores proponen evaluar cinco aspectos fundamentales antes de recurrir a estas terapias: la gravedad de la enfermedad, la disponibilidad de tratamientos alternativos, la idoneidad del tejido diana para una intervención permanente, los riesgos asociados a la administración del tratamiento y las garantías de seguimiento de su seguridad a largo plazo.
Los autores subrayan especialmente la importancia de la vigilancia prolongada. Los ensayos clínicos pueden ser demasiado pequeños o tener una duración insuficiente para detectar complicaciones poco frecuentes o efectos adversos que aparezcan años después. Por ello, una aplicación más generalizada de las terapias génicas requeriría sistemas de seguimiento independientes y estandarizados.
El artículo también aborda el acceso económico a estos tratamientos. Según sus autores, algunas terapias génicas cuestan actualmente más de un millón de dólares por paciente. Su uso para tratar enfermedades que afectan a millones de personas podría suponer una carga financiera considerable para los sistemas sanitarios.