


Las persistentes huellas del colonialismo en el Día Internacional de los Pueblos Indígenas
Bakú, 10 de agosto, AZERTAC
El 9 de agosto, Día Internacional de los Pueblos Indígenas, no es solo una fecha para celebrar la cultura y el patrimonio de los pueblos indígenas, sino también una importante jornada para recordar las injusticias históricas provocadas por el colonialismo y sus graves consecuencias, que persisten hasta nuestros días. Potencias coloniales como Francia y los Países Bajos continúan vulnerando sistemáticamente los derechos fundamentales y las identidades culturales y lingüísticas de los pueblos indígenas que mantuvieron sometidos durante siglos, ignorando sus demandas de autodeterminación, sometiendo a la población a políticas de asimilación forzosa, explotando los recursos naturales de sus territorios y apropiándose de sus tierras.
Según informa AZERTAC, estas consideraciones se recogen en una declaración del Grupo de Iniciativa de Bakú (BIG) con motivo del Día Internacional de los Pueblos Indígenas.
La declaración señala asimismo:
«A pesar de encontrarse geográficamente en Europa, el pueblo corso es objeto de ataques por parte de las autoridades de París, mientras que la lengua corsa autóctona es marginada y se organizan ataques armados contra partidos y movimientos que reclaman la independencia bajo el pretexto de la “amenaza terrorista”.
La prolongada política colonial de Francia ha provocado la restricción de los derechos políticos, sociales y económicos del pueblo kanak, propietario ancestral de Kanaky (Nueva Caledonia), territorio que, junto con Māʻohi Nui (Polinesia Francesa), figura en la lista de las Naciones Unidas de territorios pendientes de descolonización. Esta política también ha llevado al desplazamiento de los kanak en sus propias tierras históricas y a un debilitamiento considerable de su capacidad de control sobre ellas. Durante años, Francia ha aplicado una política demográfica basada en el traslado planificado de población desde la Francia continental a la isla, creando condiciones para que los kanak se conviertan en minoría. Las legítimas protestas del pueblo kanak contra esta política son respondidas por Francia mediante intervenciones armadas. Durante las protestas pacíficas celebradas por el pueblo kanak en mayo de 2024 contra el intento de reformar las listas electorales francesas, ciudadanos de origen kanak fueron asesinados por las fuerzas policiales francesas. Asimismo, dirigentes de fuerzas políticas independentistas fueron detenidos ilegalmente y varios de ellos trasladados a Francia.
En Māʻohi Nui (Polinesia Francesa), la gran mayoría de la población pertenece al pueblo indígena māʻohi. El control principal de los recursos marinos de este territorio estratégico, que cuenta con una zona económica exclusiva de aproximadamente 5 millones de km², se encuentra en manos del Estado francés. Las 193 pruebas nucleares realizadas por Francia entre 1966 y 1996 constituyen uno de los legados más graves del colonialismo y han causado daños a largo plazo al medio ambiente y a la salud de la población local. Estas pruebas son consideradas un claro ejemplo de la subordinación de los derechos y la seguridad del pueblo māʻohi a los intereses militares y estratégicos de Francia.
En Guadalupe y Martinica, una de las consecuencias más graves y duraderas del colonialismo es la contaminación medioambiental a gran escala provocada por el pesticida clordecona. Esta sustancia altamente tóxica, utilizada durante décadas, contaminó los suelos y los recursos hídricos, causando graves daños al ecosistema y a la salud pública de la región. Se ha detectado clordecona en el organismo de más del 90 por ciento de la población de las Antillas.
Los vascos, que viven en el suroeste de Francia, y los bretones, asentados en el oeste del país, llevan años enfrentándose al riesgo de perder sus identidades nacionales, sus lenguas y su patrimonio cultural como consecuencia de las estrictas políticas centralizadoras y de asimilación de París, aplicadas bajo el principio de “una nación, una lengua”.
Los pueblos Kali'na, Lokono, Wayana, Wayampi, Teko y Palikur que viven en la Guayana Francesa se han convertido en víctimas de la prolongada política colonial de Francia.
En Mayotte, la población indígena mahorais, de origen comorense y malgache, sufre tanto las consecuencias a largo plazo de la administración colonial francesa como los graves efectos derivados de su vulnerabilidad ante los desastres naturales.
Los pueblos indígenas que viven en territorios caribeños bajo dominio colonial neerlandés, como Bonaire, Aruba, Saba y San Martín, llevan años afrontando las consecuencias políticas, económicas y sociales de la administración colonial. Como resultado de las políticas administrativas y económicas aplicadas por los Países Bajos, la comercialización de las tierras, la rápida expansión del turismo, la creciente dependencia del capital extranjero y el aumento de los precios de los bienes inmuebles dificultan el acceso de la población local a viviendas asequibles y a recursos económicos en sus propias tierras. Al mismo tiempo, estos procesos provocan el debilitamiento de la identidad nacional y cultural de los pueblos indígenas, la reducción de su capacidad para controlar los recursos naturales y una mayor dependencia en la toma de decisiones políticas».
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