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La Cumbre de Washington que restableció la justicia histórica y la paz en el Cáucaso Sur

Bakú, 8 de agosto, AZERTAC

El 8 de agosto del año pasado quedó grabado en la historia geopolítica del Cáucaso Sur como el inicio de una nueva etapa. La histórica visita del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev, a Estados Unidos, la formalización en Washington de importantes resultados del proceso de paz entre Azerbaiyán y Armenia y los acuerdos alcanzados con la participación del presidente estadounidense, Donald Trump, marcaron un giro fundamental hacia el fin de un enfrentamiento que se había prolongado durante muchos años en la región. Al mismo tiempo, la visita se convirtió en un importante acontecimiento político que sentó las bases de una nueva etapa en las relaciones entre Azerbaiyán y Estados Unidos. Fue el resultado lógico de una estrategia política desarrollada a lo largo de los años y de la transformación de la nueva realidad creada por Azerbaiyán en una agenda de paz. El presidente Ilham Aliyev también calificó el 8 de agosto como “un día histórico en nuestras relaciones interestatales” y afirmó que lo sucedido “tendrá un impacto muy positivo en toda la región”.

Después de que Azerbaiyán restableciera su integridad territorial en el ámbito político-militar en 2020, propuso a la otra parte no una revancha, sino la paz, y definió la agenda de la etapa posterior a la guerra. Bakú no solo planteó el fin de la guerra, sino que también estableció de manera concreta los principios sobre los que debían construirse las relaciones entre Azerbaiyán y Armenia.

Dos años después, en marzo de 2022, Azerbaiyán propuso cinco principios fundamentales para la normalización de las relaciones con Armenia. Estos principios contemplaban el reconocimiento mutuo de la soberanía y la integridad territorial de ambos Estados, la renuncia a las reivindicaciones territoriales, la abstención del uso de la fuerza y de las amenazas de esta naturaleza, la delimitación y demarcación de la frontera estatal, así como la apertura de las vías de transporte y comunicación. Precisamente estos cinco principios constituyeron la base conceptual de las negociaciones mantenidas y de los resultados alcanzados durante los años posteriores. El presidente Ilham Aliyev, destacando especialmente que Azerbaiyán fue el autor de esta iniciativa, señaló: “Una vez más, Azerbaiyán tomó la iniciativa; una vez más, fuimos nosotros quienes formulamos estos cinco principios y, si no hubiéramos asumido esta iniciativa, hasta hoy tampoco se habría producido ningún avance en esta dirección”.

De este modo, Azerbaiyán también determinó el marco político y jurídico sobre el que debía construirse la paz. Desde este punto de vista, resulta imposible considerar la esencia política de la Cumbre de Washington al margen de los procesos que la precedieron. Aquella reunión constituyó una nueva e importante confirmación a nivel internacional de la agenda promovida por Azerbaiyán durante años.

Al recordar este proceso en una entrevista concedida a AZERTAC en Washington el 8 de agosto del año pasado, el jefe de Estado declaró: “Fue precisamente entonces cuando Azerbaiyán presentó su visión de futuro. Es decir, este vacío no podía prolongarse demasiado. Debía existir un tratado de paz entre Azerbaiyán y Armenia y, como usted ha señalado, nosotros fuimos sus iniciadores. Después de presentar aquella iniciativa, una vez más no recibimos respuesta de ninguna parte. Entonces presentamos los conocidos cinco principios fundamentales y, sobre esa base, también fuimos nosotros quienes elaboramos el texto del acuerdo de paz”.

La dinámica de las relaciones con Estados Unidos también desempeñó un papel importante en el desarrollo de este proceso en el ámbito internacional. A diferencia de las tensiones surgidas en las relaciones entre Estados Unidos y Azerbaiyán durante la administración anterior, con la elección de Donald Trump como presidente comenzó a configurarse una nueva línea política en el enfoque de Washington hacia la región y Azerbaiyán.

Durante la administración de Joe Biden, las tensiones surgidas en la actitud de Washington hacia Azerbaiyán y los enfoques que perjudicaron los resultados alcanzados en etapas anteriores de las relaciones bilaterales tuvieron un impacto negativo en su desarrollo. Incluso en la actividad política de Biden anterior a su presidencia se habían observado determinadas posturas estrictas e iniciativas de sanciones contra Azerbaiyán. El enfoque de su administración hacia la región estuvo acompañado, además, de una insuficiente consideración de las nuevas realidades geopolíticas creadas por Azerbaiyán y del papel protagonista del país en la región.

Con la elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, nuevos enfoques pasaron a ocupar un lugar destacado en la política exterior de Washington. Como señaló el presidente Ilham Aliyev, Trump concedió especial importancia a la agenda de paz en las relaciones internacionales. Este enfoque también tuvo repercusiones en las relaciones entre Estados Unidos y Azerbaiyán y creó oportunidades para establecer una nueva etapa de cooperación entre ambos países basada en intereses mutuos.

En realidad, el diálogo político entre el presidente Ilham Aliyev y el presidente Donald Trump no comenzó con la reunión de Washington. Incluso antes de la elección de Trump como presidente, el desarrollo de las relaciones entre ambos dirigentes políticos, el intercambio de cartas y los mensajes políticos mutuos habían sentado las bases de este diálogo. La Cumbre de Washington representó precisamente una etapa en la que estos contactos políticos y la confianza mutua alcanzaron un nivel superior.

En la reunión celebrada en la Casa Blanca el 8 de agosto de 2025, con la participación del presidente de Azerbaiyán, Ilham Aliyev; el presidente de Estados Unidos, Donald Trump; y el primer ministro de Armenia, Nikol Pashinyan, se firmaron importantes documentos. Ese mismo día, los ministros de Asuntos Exteriores de Azerbaiyán y Armenia rubricaron el texto acordado del “Acuerdo sobre el establecimiento de la paz y las relaciones interestatales entre la República de Azerbaiyán y la República de Armenia”. Posteriormente, en presencia de los líderes, se firmó una Declaración Conjunta. Los acuerdos alcanzados en Washington definieron los principales contornos de un nuevo modelo de relaciones entre las partes tras largos años de enfrentamiento. La Declaración Conjunta confirmó la importancia de abrir las comunicaciones entre Azerbaiyán y Armenia y contempló la creación de una conexión sin obstáculos entre el territorio principal de Azerbaiyán y Najchiván a través del territorio de Armenia.

Paralelamente a los acuerdos alcanzados en Washington, también se adoptaron importantes decisiones políticas para el futuro desarrollo de las relaciones entre Azerbaiyán y Estados Unidos. El acuerdo sobre la preparación de una Carta de Asociación Estratégica entre Azerbaiyán y Estados Unidos se convirtió en un importante indicador de la transición de las relaciones entre ambos países hacia una nueva etapa. Asimismo, la decisión de Estados Unidos de suspender la aplicación de la “Sección 907” demostró la formación de una nueva atmósfera política en las relaciones bilaterales. De este modo, la visita a Washington del 8 de agosto constituyó tanto un punto de inflexión en la agenda de paz entre Azerbaiyán y Armenia como una etapa importante en la configuración de un nuevo marco de cooperación entre Azerbaiyán y Estados Unidos.

La participación y el respaldo político del presidente estadounidense, Donald Trump, en el proceso de Washington tuvieron una importancia especial. El propio Trump calificó la reunión de Washington como una histórica cumbre de paz y felicitó a los líderes de Azerbaiyán y Armenia por su apoyo al proceso. El presidente Ilham Aliyev también ha destacado en reiteradas ocasiones el papel de Trump. El jefe de Estado señaló que la rúbrica del texto acordado del tratado de paz con la participación del presidente de Estados Unidos reduce considerablemente la posibilidad de dar marcha atrás con respecto al documento. La posterior correspondencia diplomática entre ambos líderes también demostró la continuidad de este diálogo político. En diciembre de 2025, el presidente Ilham Aliyev valoró altamente los esfuerzos de Trump en favor de la paz y, en julio de 2026, el jefe de Estado calificó a Trump como un “hombre de paz”, destacando una vez más su papel indispensable en el proceso. De este modo, en el proceso de Washington confluyeron la agenda de paz definida por Azerbaiyán y el respaldo político del presidente estadounidense, permitiendo materializar una importante etapa de un proceso que durante muchos años no había dado resultados.

Uno de los resultados más importantes de la Cumbre de Washington fue también la presentación del proyecto TRIPP (“Ruta Trump para la Paz y la Prosperidad Internacional”), capaz de transformar el mapa de transportes de la región. La importancia de este proyecto no se limita únicamente a la creación de una vía de transporte. TRIPP tiene el potencial de aumentar el papel del Cáucaso Sur en el sistema de transporte Este-Oeste, convertir a Azerbaiyán en uno de los principales centros de las nuevas conexiones regionales y ampliar el potencial económico de la región. Desde este punto de vista, la apertura de las comunicaciones no solo significa ampliar las posibilidades de transporte, sino también crear intereses económicos mutuos entre Azerbaiyán y Armenia y establecer nuevas bases para una paz duradera en la región.

El panorama surgido en el Cáucaso Sur después del 8 de agosto demuestra la formación de un nuevo statu quo. Azerbaiyán modificó la realidad político-militar en 2020 y, en la etapa posterior, adoptó medidas consecuentes destinadas a configurar las consecuencias políticas y diplomáticas de esa realidad. El antiguo statu quo basado en la ocupación y el enfrentamiento ya forma parte de la historia. Su lugar está siendo ocupado por una nueva realidad política basada en los principios de soberanía, integridad territorial, inviolabilidad de las fronteras, apertura de las comunicaciones y cooperación regional.

La posición de Azerbaiyán en este proceso no se limitó únicamente a la victoria militar. Tras la Victoria en la guerra, el presidente Ilham Aliyev consolidó la ventaja político-militar resultante mediante una política diplomática consecuente y obligó a Armenia a aceptar la nueva realidad y adaptarse a la agenda de paz. El abandono por parte de Armenia de los enfoques revanchistas de años anteriores, el acuerdo sobre el texto del tratado de paz y su incorporación a la nueva agenda de cooperación regional pueden considerarse precisamente como resultado de esta realidad. De esta manera, Azerbaiyán se presentó tanto como país vencedor en la guerra como principal autor de la agenda de paz.

Por consiguiente, el nuevo statu quo que se está configurando en el Cáucaso Sur no surgió por sí solo. La principal línea política que definió sus fundamentos políticos, transformó la realidad creada por Azerbaiyán en una agenda de paz y configuró las futuras direcciones de desarrollo de la región es la estrategia del presidente Ilham Aliyev.

El 8 de agosto del año pasado ocupa un lugar especial en la crónica de la Victoria del Estado azerbaiyano. Esta fecha volvió a demostrar que, para transformar una victoria político-militar en una paz duradera, no solo se requiere fuerza, sino también voluntad política con visión de futuro, una estrategia diplomática precisa y una política consecuente basada en los intereses nacionales. La Cumbre de Washington constituyó precisamente la confirmación de esta voluntad a nivel internacional. La nueva realidad creada por Azerbaiyán quedó consolidada en el ámbito diplomático, la justicia histórica se complementó con la agenda de paz y quedaron definidos los contornos políticos de una nueva etapa de desarrollo para el Cáucaso Sur.

POLÍTICA 2026-08-08 12:12:00