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Del cielo de Ganja a la Guerra Civil Española: los aviadores olvidados

Londres, 10 de julio, AZERTAC

La historia, en ocasiones, une los lugares más inesperados a través de vínculos que pocos podrían imaginar. Uno de esos episodios es el puente invisible que, a finales de la década de 1930, conectó a la antigua ciudad azerbaiyana de Ganja con la lejana España. El documental «The Aviators of Ganja» («Los aviadores de Ganja»), presentado por el canal de televisión AnewZ, arroja luz sobre este poco conocido y dramático capítulo de la historia europea. La producción relata la historia de los jóvenes pilotos españoles que recibieron entrenamiento en la escuela de aviación militar creada en Ganja en 1936 con el apoyo de la Unión Soviética, así como sus vivencias, su trayectoria en el frente y su posterior participación en la Segunda Guerra Mundial.

Una ruta secreta de España a Ganja

En 1936, el golpe militar encabezado por el general Francisco Franco contra la Segunda República Española, elegida democráticamente, sumió al país en una sangrienta guerra civil. Como destaca el documental, aquel conflicto no fue únicamente una confrontación interna, sino también un campo de pruebas para las ideologías, el armamento y las alianzas internacionales que marcarían el inminente estallido de la Segunda Guerra Mundial.

El Gobierno republicano necesitaba con urgencia pilotos militares. Sin embargo, las escuelas de aviación del país funcionaban ya al máximo de su capacidad y muchos de sus instructores combatían en el frente. En el ámbito internacional, Francia solo ofrecía formación básica de vuelo, mientras que el Reino Unido se negó a prestar ayuda. Ante esta situación, la República Española dirigió su mirada hacia el Este, a la Unión Soviética. Aquella decisión estratégica acabaría uniendo el destino de cientos de jóvenes españoles con Azerbaiyán.

Cientos de jóvenes españoles atravesaron Europa en secreto para ser enviados a la Unión Soviética. Tras un largo recorrido en barco y tren a través de Leningrado, Moscú, Járkov y Odesa, llegaron a su destino final: la ciudad de Ganja, conocida entonces como Kirovabad. Allí se estableció una escuela especial de aviación destinada a formar a estos jóvenes como pilotos militares.

Un «secreto a voces» y duras pruebas

La existencia de la escuela se mantuvo en el más estricto secreto. Por razones de seguridad, los nombres de los cadetes españoles fueron sustituidos por nombres rusos y, en la documentación oficial, figuraban como estudiantes soviéticos. Sin embargo, el carácter confidencial de la operación no tardó en desvanecerse. Los jóvenes españoles se integraron en la vida de Ganja, entablaron relaciones con la población local y se convirtieron en parte del ambiente cotidiano de la ciudad. Muy pronto, su presencia dejó de ser un secreto para convertirse en un auténtico «secreto a voces».

El documental también pone de relieve las difíciles condiciones en las que funcionaba la escuela. No se trataba de una academia de aviación convencional ni contaba con instalaciones de lujo. Los aeródromos eran muy modestos y, antes de cada vuelo, los propios cadetes debían retirar las piedras de las pistas. Los barracones ofrecían unas condiciones mínimas y el programa de formación de pilotos, que normalmente requería varios años, fue condensado en apenas unos meses.

Los jóvenes realizaron sus primeros vuelos de instrucción a bordo de los Polikarpov U-2, aeronaves construidas con madera y tela que, aunque muy sencillas según los estándares actuales, eran técnicamente fiables. Otro de los grandes desafíos era la barrera lingüística. Los españoles no hablaban ruso y los instructores soviéticos desconocían el español. Dado que incluso las órdenes más simples eran vitales para la seguridad de los vuelos, con la ayuda de intérpretes se elaboró un diccionario aeronáutico ruso-español especialmente diseñado para la formación.

Tras completar el exigente entrenamiento en Ganja, los cadetes continuaron su preparación en los bombarderos Tupolev SB-2 y en los cazas Polikarpov I-15 y Polikarpov I-16. El I-16, conocido como «Mosca» entre los republicanos y «Rata» entre las fuerzas franquistas, reforzó considerablemente la capacidad operativa de la Fuerza Aérea de la República. Los jóvenes formados en los cielos de Ganja regresaron a España no como cadetes inexpertos, sino como pilotos de combate plenamente capacitados, y algunos de ellos llegarían a convertirse posteriormente en destacados héroes de su país.

La importancia del petróleo de Bakú y el destino del exilio

Las memorias de Liudmila Bravo, hija del piloto José María Bravo, uno de los principales protagonistas del documental, aportan una dimensión especialmente conmovedora a la obra. Sus recuerdos muestran la guerra no como una epopeya heroica librada en los cielos, sino como una experiencia marcada por el miedo, la enorme responsabilidad y una implacable lucha por la supervivencia.

La Guerra Civil Española concluyó con la derrota del bando republicano y la llegada al poder de Francisco Franco, pero las dificultades para aquellos pilotos no terminaron entonces. Muchos de ellos no pudieron regresar a su país y se vieron obligados a exiliarse o a permanecer en la Unión Soviética. Según los datos presentados en el documental, de los 185 pilotos que completaron su formación en 1939, 84 se trasladaron posteriormente a México, mientras que 101 permanecieron en Azerbaiyán.

En 1941, con la invasión de la Unión Soviética por la Alemania nazi, aquellos pilotos volvieron a empuñar las armas, esta vez a los mandos de sus aviones. Durante la Segunda Guerra Mundial, el papel de Azerbaiyán y, en particular, del petróleo de Bakú fue decisivo. El desenlace de la guerra dependía de los motores, y estos, a su vez, del suministro de combustible. Los aviadores españoles desempeñaron un papel destacado en la defensa de los cielos del Cáucaso, Moscú, Odesa y Bakú. El propio José María Bravo sirvió en una unidad encargada de proteger los campos petrolíferos de Bakú e impedir que los aviones de reconocimiento alemanes obtuvieran información estratégica.

Sin embargo, el régimen soviético no trató por igual a todos estos pilotos. El documental no oculta los episodios más duros de aquella historia: a algunos aviadores españoles no se les permitió volar por falta de confianza en ellos; otros fueron enviados a campos de trabajo o encarcelados, mientras que algunos fueron destinados a grupos de sabotaje. Hubo quienes perdieron la vida en combate y otros cuyo destino sigue siendo desconocido.

Los que lograron regresar a España años después del final de la guerra tampoco encontraron el reconocimiento esperado. Debido a la ausencia de relaciones diplomáticas entre la Unión Soviética y España, los rangos militares y las especialidades que habían obtenido en el Ejército soviético no fueron reconocidos. Durante mucho tiempo estuvieron sometidos a interrogatorios y a la desconfianza tanto de las autoridades locales como de los servicios de inteligencia extranjeros. Muchos de ellos optaron simplemente por dejar atrás el pasado e intentar construir una nueva vida en paz.

La recuperación de la memoria: «Los mejores años de su juventud se perdieron en la guerra»

«The Aviators of Ganja» no es únicamente una crónica sobre la historia de la aviación militar, sino también un profundo relato sobre la memoria. El documental rescata el papel de Azerbaiyán en un capítulo olvidado, pero de gran importancia, de la historia europea. Presenta al país no solo como escenario de los acontecimientos, sino como el lugar donde renació la aviación militar republicana española y donde una nueva generación de pilotos recibió la formación que marcaría su destino.

Algunos de los pilotos españoles que perdieron la vida durante el entrenamiento reposan hoy en Ganja, mientras que otros, caídos durante la guerra, descansan para siempre en Bakú. Sus tumbas constituyen un testimonio tangible de una historia compartida que une a Azerbaiyán, España y los conflictos más devastadores del siglo XX.

Una de las frases que recoge el documental resume el drama vivido por toda una generación: «Los mejores años de su juventud se perdieron en la guerra».

Tras la guerra, el exilio y décadas de silencio forzado, estos pilotos dejaron como legado una historia de valentía, contradicciones y supervivencia. Llegaron a Ganja para aprender a volar y conquistar los cielos. Años después, quienes lograron regresar a su patria no llevaron consigo únicamente la experiencia adquirida como aviadores; cargaron también con el peso de los recuerdos imborrables de un siglo cruel que primero forjó su juventud entre las nubes y después relegó sus vidas a las páginas olvidadas de la historia.

CULTURA 2026-07-10 17:17:00